Estoy totalmente atrapado,
tengo una guitarra que pintar pero no lo hago, no me corresponde.
Nada me corresponde, ni levantarme, estoy seguro de que la muerte todo se lo lleva, y que en realidad poco importa lo que hagas a diario, y si lo piensas bien, si de verdad te detienes a pensarlo bien, sería mejor cada día hacer menos, pasar desapercibido, no ser nadie, no tener una vida social monótona, no asistir a tal lugar, o tocar el timbre de una sociedad a la espera de un nuevo número, hablo en voz baja lo que escribo, para darme seguridad al mismo tiempo que las yemas de mis dedos torcidos tocan las teclas de un Mac blanco.
No me gusta el verde pistacho, y la guitarra es verde pistacho, lo único que me convence para pintarla es poder borrar cada centímetro de ese color.
Borrar cada centímetro de tu color.
Nunca había pensado que la pintura borraría tu olor.
Ahora creo que tu aroma, es olor a pintura.
Te pinto no porque quiera hacerlo, si no por que quiero borrar el verde pistacho, de tu coraza.
Quiero borrar el color de tu coraza.
Pinceles listos, acrílicos dispuestos, médium a la espera.
Estoy listo, dispuesto y a tu espera.
Pinto, creo, salto, grito, rezo, filmo, vuelvo a creer y la noche iluminada en sectores equívocos que te pario.
Un par 56 ilumina tus ojos, mientras te veo desde arriba, desde un mal ensayo.
Te olvido. Mentira.
Mierda, me equivoque. El color es verde esmeralda.
Odio el verde pistacho, el verde esmeralda, y el naranjo.
En el momento que pensé en los colores… te olvidé.
Te recuerdo.
La guitarra sigue colgada.